"La democracia, tal como todavía se nos predica (y se impone a Irak), está prácticamente en coma." Gianni Vattimo

miércoles 12 de agosto de 2009

Adiós a la verdad y el acontecer del nihilismo. O pensamiento del sinsentido y la violencia





Adiós a la verdad y el acontecer del nihilismo
O pensamiento del sinsentido y la violencia

Por Ricardo Milla

Lo que sigue son apuntes de lo que en estos momentos me inquieta en el intelecto. Todo está suelto. Todo está disperso.

“El fin de la metafísica ha llegado. Estamos sobre ella. Sobre sus efectos. Todo esto es terrible. El sentido se ha perdido a sí. Digamos juntos: Adiós verdad...”

La posmodernidad no es una época que se halle después de la modernidad como etapa de la historia. El “post” de la posmodernidad, a juicio de Gianni Vattimo, es “espacial” antes que “temporal”. Esto quiere decir que estamos sobre la modernidad. El mundo moderno ha pasado y nosotros nos hallamos sobre él. Pero no significa que el proyecto de la modernidad es algo inacabado, como diría Habermas, sino que este mundo, la vida como la llevamos ahora, es producto de la modernidad. Experimentamos los efectos de la modernidad y de todos sus deseos. La nueva koiné no es, pues, la hermenéutica (como lo quiso Vattimo allá por los años 80). No. La koiné actual es la “publicidad” del lenguaje del liberalismo . Estar sobre la modernidad es darse cuenta también que esta koiné está destinada al fracaso. Es más. La modernidad al haber alcanzado todas sus metas se ha convertido en un proyecto cumplido. ¡Henos en la modernidad amigos míos! Pero no. Mejor dicho: ¡En los efectos de la modernidad! La modernidad como tal existe en sus efectos, pero ya nada de ello tiene sentido. He aquí la modernidad cumplida señores.

El sin sentido aparece cuando todo lo que antes era complejo es simplificado. Lo que hicieron los modernos fue volver todo lo complejo de la vida del hombre en algo simple y de esta manera poder tener todo a disponibilidad. Ahora todo nos es disponible. ¿Pero no es acaso lo insignificante siempre disponible y lo grandioso complejo y significativo? Pues en efecto, así es. En los tiempos en que vivimos la verdad del ente se ha identificado con su ser. El ente es identificado con el mundo tecnológico, el mundo de lo estático, de lo que no se mueve, el mundo "burgués". Así, la verdad aparece como lo simple, lo más fácil de obtener y de disponer. A esto se le suma la idea de lo gigantesco que aplasta a lo pequeño. Todo lo dado por el mundo moderno es gigantesco, mientras lo no moderno es grandioso o a lo mucho es y nada más, aunque siempre complejo y nunca simple. Y qué hace lo gigantesco sino aplastar. Es así. El gigante aplasta a los pequeños, a los débiles. En su carácter conceptual-teórico la verdad se asoma como lo gigante, pues está identificada con el ente que tenemos ahora y éste se identifica con el mundo tecnológico. Todo es una cadena de secuencias en círculo. La verdad nos aplasta, nos destruye, nos violenta.

La verdad, de manera clásica, pertenecía a la reflexión que hacía la metafísica. En la modernidad la metafísica no es ya la pregunta por el ser del ente sino lo es por el conocimiento del ser del ente que tiene la mente humana, i.e., el sujeto. El ser del ente pasó a ser una presuposición del conocimiento en vez de ser al revés. El ente fue el objeto del sujeto. Con todas sus letras, así fue. El objeto recibió el ser por medio del sujeto. El sujeto se hizo “amo y señor” del objeto, del mundo (aquí oímos el eco de la voz de Bacon y Descartes). El sujeto se hizo como un dios. La verdad se hizo subjetiva. De esta forma, el ser es olvidado, pues es reemplazado. El ente es completamente conocido, pues es una idea clara y distinta de la cual no se tiene duda, es una impresión o representación de mi mente. No es posible caer en error. Lo complejo se disipa. Y del ser no queda nada. El sin sentido llega. El sin sentido se ha instalado. Estamos instalados en este mundo del sinsentido. A esto nos ha arrastrado el pecado de la modernidad: “Seréis como dioses”. Como diría De Maistre: La Revolución es demoniaca. En efecto. Lo fue.

El ser al ser olvidado y el ente al ser resuelto da como resultado que no queda ya ningún problema que resolver. No hay verdad que descubrir. La verdad se identifica con la no verdad, con el ente tecnológico, con el mundo de lo no cambiante, con el “pensamiento único”, pues ya no hay verdad que descubrir. Digamos con Nietzsche: “Del ser ya no queda nada”. Yo os digo: “de la verdad ya no queda nada”. Esto es el nihilismo. El mundo del liberalismo. Eso es el nihilismo. La verdad, el pensamiento fuerte, lo que aplasta, la violencia de las sociedades liberales, la violencia de la metafísica, la violencia de los metarrelatos de la liberté, la violencia del progreso, todo eso es nihilismo.

Pensando débilmente. ¡Adiós a la verdad, adiós!